Miguelturra

Miguelturra es una localidad situada en el centro de la provincia de Ciudad Real. Dentro de la comarca natural del Campo de Calatrava es uno de los municipios con mayor índice de crecimiento demográfico. Limita al Norte con Carrión de Calatrava, al Sur con Ciudad Real y Pozuelo de Calatrava, al Este con Carrión de Calatrava, Almagro y Pozuelo de Calatrava y al Oeste con Ciudad Real.

El término municipal comprende una superficie de 118,37 km² divididos entre el término principal y el territorio separado de Pera.

La población de Miguelturra es de 14.312 habitantes. Como indican las relaciones topográficas de Felipe II, el nombre de Miguelturra proviene de Miguel, que sería el nombre del primer poblador y de Turra que tiene su origen en el verbo Turrar: quemar, haciendo referencia a las numerosas veces que fue quemada la villa durante los enfrentamientos con Villa Real (la actual Ciudad Real). Por este hecho, Jara y Clemente nombraban al municipio como la siete veces quemada.

El origen de la población se remonta a la repoblación afrontada con motivo de la recuperación del territorio tras las Navas de Tolosa (1212). Aunque se han encontrado algunos restos líticos y de cerámica.

La Carta Puebla (documento que se otorgaba para que una zona se pudiera poblar) se le concedió en 1230. Uno de los hechos más importantes en la historia de este pueblo es la rivalidad que existía con Villa Real. Ciudad Real fue creada en 1255 por el Rey Alfonso X El Sabio y pronto empezaron a surgir los conflictos con Miguelturra, generalmente por motivos relacionados con los derechos a leñas, mercados y otras circunstancias vitales para la supervivencia en aquella época. Los enfrentamientos llegaron hasta las armas, quedando Miguelturra arrasada y su castillo demolido. Peralvillo, fue anexionado en 1383 con la intención de engrandecer los límites del término con el fin de abastecer a los vecinos en sus necesidades básicas. Sin embargo, Peralvillo ha pasado a la historia de las tradiciones negras por ubicarse en él la horca pública en la que se ajusticiaban a los numerosos malhechores de los siglos XV a XVII que eran colgados de un árbol hasta su muerte, con fines "pedagógicos".